Programación
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Sueño Comunitario: Organizando la esperanza
"Construyendo puentes: Coordinación Comunitaria Intercontinental para el Desarrollo Sostenible"
En sueño comunitario, la PUC-Rio abre el congreso de la Red de Universidades para el Cuidado de la Casa Común en celebración de los 10 años de Laudato si’ y rumbo a la COP30
Texto: Renata Ratton
Asesora de Comunicación Institucional
En la mañana del 20 de mayo, la PUC-Rio abrió un nuevo portal de conexión entre la Amazonía y el planeta, y entre el planeta y su futuro, al convertirse en sede del congreso internacional de la Red de Universidades para el Cuidado de la Casa Común (RUC). El encuentro recibe a 200 rectores que llevarán adelante el legado dejado por el Papa Francisco hace diez años, a través de la encíclica Laudato si’, ahora retomado por el Papa León XIV como un llamado a organizar la esperanza en favor de la justicia ecológica, social y ambiental.
En un mensaje especialmente grabado y enviado para la apertura del Congreso en la PUC-Rio — difundido por el sitio “Vatican News” y por los medios nacionales — , el Papa León XIV defendió la condonación de la deuda de los países más vulnerables y bendijo a los participantes para que sigan firmes en la construcción de puentes de esperanza en este año jubilar. Una esperanza que se traducirá en acciones concretas, recomendaciones y directrices para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP30.
En la mesa de apertura, el secretario ejecutivo de la RUC, Francisco Piñon, destacó la fuerza y la intensidad con las que el Papa Francisco convocó no solo a los católicos, sino a todas las mujeres y hombres del planeta a trabajar por cambiar el rumbo del desarrollo global:
“Cuando estuvimos con Francisco, en el Encuentro Sinodal de 2023, nos informó que publicaría, el mes siguiente, la Laudate Deum (Exhortación Apostólica a todas las personas de buena voluntad sobre la crisis climática), con el objetivo de mostrar que aún no habíamos desarrollado una conciencia suficientemente fuerte sobre la situación del planeta”.
Estructurado para acoger el método sinodal, el congreso de la RUC tendrá una duración de cuatro días, cada uno de ellos inspirado en uno de los sueños revelados por Francisco en la Exhortación Apostólica Querida Amazonía. Inspirado por las palabras del Papa en el encuentro de 2023, el rector de la PUC-Rio, el P. Anderson Antonio Pedroso, SJ, dio la bienvenida mencionando que la Universidad posee un campus único, que favorece el encuentro de saberes, y al mismo tiempo se compromete con su entorno:
“Para nosotros es un compromiso: la institución no puede encerrarse en sí misma, necesita estar abierta a la sociedad. Además, debe tener un impacto local y global, por eso creamos el metaproyecto ‘Amazonizar’”, declaró, explicando el concepto y el método de “Amazonizarse” a los participantes.
Al valorar el sentido de comunidad, el rector subrayó que, a diferencia de un club, una comunidad no es una simple reunión de personas ni una suma de fuerzas; mucho menos, la suma de egos:
“Por el contrario, la comunidad es una sustracción y solo nace del espacio de renuncia de cada uno cuando se vuelve un poco menos autocentrado, cuando quita algo del ‘yo’ y abre espacio para el ‘nosotros’. Puede parecer desconcertante, pero hacer surgir una comunidad no se trata de juntar las mejores cualidades de cada uno, pues los límites son importantes y nos hacen comprender que dependemos unos de otros, nos hacen más humanos y abiertos a la colaboración mutua”, observó.
También expresó su gratitud por el encuentro, elogiando la oportunidad de vivir, en estos días, la experiencia de comunión y de pensar los sueños de la ecología integral en el ejercicio de la escucha, el discernimiento y el desapego de las convicciones individuales en beneficio de la colectividad.
En un video grabado, el Gran Canciller de la PUC-Rio, Dom Orani Tempesta, O. Cist., acogió a los miembros del encuentro expresando su apoyo y cercanía espiritual con quienes se reúnen en la Universidad para dialogar y soñar nuevos caminos en defensa de la Casa Común:
“Es la Iglesia comprometida en ser presencia en este mundo que tanto necesita de valores y de responsabilidades ante el planeta… En torno al tema ‘Deuda Ecológica y Justicia Ambiental’, el congreso es fruto de colaboraciones entre la RUC, la Pontificia Comisión para América Latina, el CELAM, la AUSJAL, el Dicasterio para la Cultura y la Educación, además de varios organismos y personas comprometidas con la misión de educar y transformar”, observó el arzobispo de Río de Janeiro.
También por video, el cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, en la Curia Romana, enfatizó que uno de los grandes factores de transformación de mentalidades que Laudato si’ ha ofrecido al mundo es la conciencia de que nadie está solo:
“Nos necesitamos unos a otros, todo está interconectado y necesitamos enfrentar, al mismo tiempo, los desafíos de la Casa Común y los desafíos de la fraternidad. Con miras a la COP30 y en este camino jubilar de construcción de puentes, como dice el Papa León XIV, solo juntos podremos realmente hacer de nuestras universidades y de nuestras redes universitarias, laboratorios de comunión y de futuro”, declaró Tolentino.
Para la presidenta de la RUC, Agustina Rodríguez, el congreso tiene esta vez una dimensión más profunda como homenaje colectivo, agradecido y esperanzador a quien ha sido y seguirá siendo uno de los grandes líderes de la actualidad, el Papa Francisco. Señaló que Laudato si’ busca promover la interdisciplinariedad como diálogo de saberes, llamando a los docentes a cambiar su mirada, romper con la fragmentación del conocimiento y formar profesionales éticos, capaces de leer su tiempo, transformar sus territorios y construir el futuro junto a los demás:
“En primer lugar, no hay transformación socioambiental sin transformación educativa. En nuestras universidades, tenemos este compromiso con el Papa Francisco, que asumimos libremente. En segundo lugar, como dijo el P. Anderson Pedroso, está la importancia de la comunidad. Nuestra red tiene una característica muy singular, que es la heterogeneidad. Somos profundamente diversos: universidades públicas, privadas, confesionales, católicas, judías y laicas. La diversidad que nos habita es una fortaleza”, afirmó.
Después de la mesa de apertura, la conferencia “Coordinación Comunitaria Intercontinental para el Desarrollo Sostenible” abordó el Sueño Comunitario, con la participación del P. Román Pardo, decano de Teología de la Universidad de Salamanca y director de la Comisión Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española, y Jorge Calzoni, rector de la Universidad Nacional de Avellaneda, Argentina, y presidente de la UDUALC, la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe.
Para el P. Román, el primer paso para organizar la esperanza es una comunidad organizada; y la comunidad que quiere organizarse necesita ser consciente de sus dificultades. Citando al poeta francés Charles Péguy, advirtió que la esperanza es la más frágil de las tres virtudes teologales y, como comunidad universitaria, es necesario ser consciente de la dificultad de mantener la esperanza y el legado de Francisco:
“Necesitamos mirar al futuro con la esperanza que nace de la confianza y del amor. La esperanza nos ayudará a buscar nuevas estructuras, nuevas organizaciones, nuevos encajes y nuevos desarrollos para la universidad. La comunidad universitaria no puede perder la razón ni esa inteligencia emocional con el bien, con el cariño, con la voluntad”.
Para Calzoni, el mayor desafío para la construcción de una red universitaria intercontinental es la integración — desde la cuestión lingüística y cultural hasta la primacía del individualismo. En este sentido, la ecología integral, en la visión de Francisco, no se resume en la cuestión ambiental: al contrario, se extiende a los aspectos humanos, económicos, sociales y educativos. Reforzó que las universidades deben trabajar con diseños curriculares mucho más flexibles, que permitan integrar conocimientos no necesariamente afines, sino diversos, para resolver problemas concretos de las comunidades. De lo contrario, no cumplirán ese objetivo.
Al inicio de la tarde, en una ceremonia llena de emoción y simbolismo, un grupo de rectores plantó árboles relacionados con el primer sueño de Francisco, el Sueño Comunitario, en el jardín del Espacio Casa Común de la PUC-Rio.
La experiencia fue el punto de partida para los trabajos de la tarde, en la mesa redonda “El camino a seguir: de Río a Belém”, en la plenaria de los grupos de trabajo y en la conferencia de clausura “Construyendo Puentes de Integración, Reconciliación y Fraternidad”.
En esta última, Rita Gajate, rectora de la Universidad de La Plata, en Argentina, y el cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima y miembro de la Pontificia Academia para la Vida, compartieron lo que los inspiró durante las actividades grupales del día.
Gajate mencionó la frase que más la marcó: “La crisis no se resuelve, se habita”, sugiriendo un cambio de perspectiva sobre cómo enfrentar los momentos difíciles; en lugar de ver la crisis como algo a reparar o eliminar rápidamente, aprender a convivir con ella, encontrar un lugar dentro de ella, pasando de una postura de combate y negación a una de aceptación, aprendizaje y convivencia.
Para el cardenal, lo más conmovedor fue la preocupación de las universidades por insertarse en los aspectos más profundos de la vida de los pueblos y de la situación del mundo:
“Lo que quedó como una idea muy importante para mí, al salir de mi grupo que aquí está presente, es que estamos ante el desafío de reinsertar nuestras universidades en los procesos de las sociedades, pero con una característica muy específica que proviene de la vivencia del Papa Francisco: la forma de insertarnos en los movimientos invisibles. ¿Y qué es un movimiento invisible? La capacidad de los que sufren, de los vulnerabilizados, de aferrarse a la vida y no perder la esperanza.”
Fotos y vídeos del día
Sueño Cultural: Biodiversidad
"El Cuidado de la Casa Común: biodiversidad y tecnología"
Debates sobre cultura, tecnología y biodiversidad marcan el segundo día del congreso de la RUC
Texto: Renata Ratton
Asesora de Comunicación Institucional
Tras un primer día cargado de emociones fuertes, sorpresas y encuentros, pero también marcado por importantes discusiones en torno a los desafíos del Sueño Comunitario del Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Querida Amazonía, el segundo día del congreso de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común (RUC) trajo el “Sueño Cultural: Biodiversidad”. Este sueño, particularmente en relación con la Amazonía, se refiere a la preservación y valorización de la rica diversidad cultural de los pueblos originarios, en un deseo de proteger su identidad, costumbres, tradiciones y conocimientos.
En la conferencia inaugural “Biodiversidad y Tecnología”, las palabras de bienvenida vinieron de parte de Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, quien subrayó la importancia de que los participantes aprovechen el encuentro para conocerse más profundamente y reiteró la necesidad de construir puentes entre universidades del norte y del sur del planeta. “Tenemos personas muy preparadas que harán preguntas o intervenciones provocadoras, pero todos pueden y deben participar, y queremos que participen”, animó, añadiendo: “Sepan que el cardenal Prevost y el cardenal Tolentino impulsaron todo esto, y que ahora Prevost nos apoya como el Papa León XIV”.
En el primer panel, Rafaela Diegoli, del Tecnológico de Monterrey; María Eugenia García Moreno, de la Universidad Mayor de San Andrés (Bolivia); Esther Sánchez, de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), en Argentina; y Alejandro Guevara, de la Universidad Iberoamericana (IBERO), en México, compartieron experiencias de formación y gestión.
Rafaela Diegoli compartió una experiencia del Tecnológico que, según ella, podría ser valiosa por incorporar un aprendizaje a partir de muchos errores y algunos aciertos. El caso trataba sobre la creación de un plan estratégico para la institución, que abarca desde 2020 hasta 2025, con el desarrollo sostenible como uno de los grandes temas.
“Una cosa que notamos en esas discusiones es que no podíamos hablar en un único ámbito ni depender de un solo ‘héroe’. Desarrollamos un programa que trabajara distintas dimensiones, a partir del cual se coordinaban todas las estrategias e iniciativas de la universidad relacionadas con el desarrollo sostenible”.
Para Diegoli, otro hecho muy interesante fue observar que, con el avance en la formación de los estudiantes sobre sostenibilidad, ellos mismos comenzaron a cuestionar varios aspectos de la universidad, y fue necesario cambiar toda la infraestructura y promover nuevos programas e iniciativas. “Necesitamos dar el ejemplo, enseñar con el ejemplo. Y necesitamos trabajar en la incidencia política y comunitaria porque una estrategia de desarrollo sostenible no es sólo lo que ocurre en nuestra burbuja del campus, sino también hacia fuera. Es cómo trabajamos con la comunidad”, alertó.
Alejandro Guevara recordó la frase de un jesuita, misionero en Nicaragua, que participó en el encuentro internacional Río 92: “Como universidades, no podemos formar profesionales exitosos en sociedades fracasadas”. Para el profesor, ese es el gran desafío de las instituciones que se inspiran en los mensajes de Laudato si’.
“De nada sirve tener excelentes técnicos si no seguimos las recomendaciones del Papa Francisco, si no somos ‘sentipensantes’. Cuando nos preguntan ‘¿cuál es el estado actual de la Casa Común, en términos de biodiversidad y de tecnología?’, la noticia es muy lamentable. Incluso existe un nuevo término, la ‘defaunación del Antropoceno’; significa que, en los últimos 30 a 50 años, se ha perdido más del 60% de la biodiversidad del planeta”, lamentó. Según Guevara, por el lado de la tecnología, en contraste, los avances han sido gigantescos:
“Eso nos obliga a reflexionar sobre la diferencia entre la tecnología de la muerte y la tecnología para el cuidado de la Casa Común. Una de las respuestas es que, muchas veces, lo que resulta exitoso en la aplicación de una tecnología en un determinado contexto, no lo es en otro. Como universidades, la pregunta es: ¿qué estamos haciendo al respecto? Desarrollamos buenas tecnologías, pero ¿cuánto acompañamos a las personas que las adoptarán, las conocerán, las aplicarán?”, cuestionó.
María Eugenia Moreno reveló estar trabajando intensamente con enfoques tradicionales en estudios e investigaciones en San Andrés: “Claro que existe la enseñanza tradicional, sin embargo, en las distintas provincias y municipios alejados de La Paz, donde se encuentra nuestra universidad, creamos programas que llamamos ‘Operarios Especialistas’, en los que ofrecemos formación universitaria a personas que muchas veces ni siquiera fueron a la escuela, pero que poseen el conocimiento local y el saber ancestral”.
Según Moreno, la iniciativa ha fortalecido mucho a la universidad, pues también contribuye a la investigación científica que se desarrolla en diversas regiones de La Paz – que comprende la región amazónica, la región de los Yungas (subtropical) y la región andina. “En la región amazónica, por ejemplo, estamos realizando investigaciones con plantas medicinales. Pero estudiar con los pueblos tradicionales equivale a ahorrar más de 20 años de pruebas médicas”.
Esther Sánchez considera que el desafío fundamental es pensar de forma sostenible para actuar en consecuencia, lo que necesariamente implica un cambio cultural. “Nosotros, como universidad, tenemos un desafío inmenso, pero también una oportunidad. De hecho, una responsabilidad como formadores, comenzando por la necesidad de una formación integral”, explicó. Y continuó:
“Somos responsables de la formación de los futuros líderes, quienes acompañarán el proceso de desarrollo humano. El cambio cultural debe venir acompañado de cada una de las funciones sustanciales de nuestras universidades, no solo la docencia, sino también la extensión, la investigación y el vínculo: la extensión, como se dijo, no solo dentro del campus, sino fuera de él, lo que es una decisión política. Al ver a tantos rectores y rectoras, digo que es importante tener presente que es una decisión política; si realmente queremos generar este cambio cultural, necesitamos trabajar con mucha intensidad porque es una transformación lenta y larga, pero que exige trabajar a diario cada una de las acciones sostenibles”.
En el segundo panel del día, Walter Panesse, de la Universidad de Luján (Argentina); Peter Rožič, de la Universidad de Oxford (Reino Unido); y Alberto Molina, de la Universidad de Buenos Aires (Argentina), discutieron el papel de la tecnología en la protección de la biodiversidad.
Walter Panesse trajo el ejemplo de drones que capturan sonidos del bosque para que, luego, la inteligencia artificial identifique los animales presentes o ausentes en el bioma, como un uso extremadamente positivo de la tecnología. Una IA útil y poderosa, pero que también presenta numerosos desafíos.
“En las últimas elecciones en la capital de nuestro país, se difundió un video que contenía un deepfake muy bien hecho del expresidente. Claro, el expresidente tiene muchas imágenes, entonces fue muy fácil construir ese video. Por otro lado, también es muy difícil distinguir qué es real y qué es falso. Y cada vez esta cuestión es más compleja. Y me parece que se está utilizando de manera nociva. Lo que hace el sistema es dar una respuesta que estadísticamente será elegida como válida, pero la cuestión es lograr discernir y trabajar sobre estos temas; me parece que como herramienta es muy buena para reducir el trabajo, pero la realidad es algo muy necesario, y el desafío tiene que ver con la ética de la inteligencia artificial y cómo la utilizaremos”.
El jesuita Peter Rožič inició su intervención con una provocación: “¿Qué es lo que más mata a la selva tropical? ¿La Amazonía?” “Las vacas”, fue la respuesta. Según él, sí, el 90% de la responsabilidad en la destrucción de la Amazonía se debe a la ganadería. El resto corresponde a la soja, la minería...
“Tiramos entre el 10% y el 40% de la carne que producimos. Matamos la selva, la biodiversidad y gran parte del alimento producido se desperdicia. Esto es lo que el Papa Francisco critica como paradigma tecnológico, que nos mata porque, en nombre del progreso, en nombre de algún aspecto falso de la soberanía alimentaria, creemos que debemos producir carne en exceso. No es solo eso: Francisco también habla de la monetización de la agricultura. La ecología integral es lo contrario, quiere escuchar el llamado de la Tierra que estamos matando, y escuchar el llamado de los pobres. Todavía existen comunidades amazónicas y en otros lugares que combaten ese paradigma tecnológico con su propia vida”, lamentó.
El jesuita también informó sobre iniciativas relacionadas con la agroecología integral, como el lanzamiento de un premio que llevará el nombre del jesuita francés Jean-Pierre Camilleri. El padre Camilleri trabajó en África con las tribus y los más pobres de Madagascar, y propuso una tecnología para cultivar arroz, combinando conocimientos tradicionales y agroecológicos. Con el nuevo método, logró duplicar la producción de arroz y la retención de CO₂. “Nos encantaría trabajar con rectores y estudiantes de diferentes áreas en el cambio de paradigma de la agricultura”, invitó el reverendo Rožič.
Por la tarde, la mesa redonda “... Del Río a Belém” reunió a John Martens, de la British Columbia University (Canadá); Eugenio Martin de Palma, de la Universidad Católica de Santa Fe (Argentina); y a Dom Joaquim Ribeiro, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Manaos y director general de la Facultad Católica del Amazonas.
La respuesta de John Martens a Laudato si’ siempre ha sido desde la perspectiva de un estudioso y teólogo, considerando como uno de los elementos clave la degradación ecológica del mundo:
“Necesitamos una conversión espiritual. La forma en que tratamos la Tierra es la forma en que tratamos a las personas. St. Martin's College, de British Columbia, está ubicado en un territorio ancestral, territorio de los Musqueam, de los pueblos Squamish. Esta tierra nunca fue cedida, no hubo ningún tratado con el gobierno canadiense. Y yo vivo en la tierra del pueblo Swatian, que también es originario de Canadá. Y algo importante sobre la educación integral es que debe verse como más que solo transmitir información. Entonces la pregunta es cómo podemos incorporar y aprender de los pueblos originarios donde vivimos: más que el reconocimiento territorial, ¿cómo aprender del lugar? El conocimiento real es sabiduría y tiene un componente ético y religioso. ¿Cómo descolonizar los planes de estudio? Tengo mucho más que decir, pero me quedo con esta pregunta”, finalizó.
Para Eugenio Martin, es necesario trabajar todo el magisterio del Papa Francisco en relación con las universidades. “Es evidente que el modelo universitario moderno, ya sea el humboldtiano, el napoleónico, el profesionalizante o el anglosajón empresarial, ya está caducado. Francisco nos dio una señal respecto a la universidad del sentido que podríamos profundizar. Él exalta a todos los hombres con sus características propias. Tengo más preguntas que respuestas sobre esta universidad del sentido y muchos de nosotros debemos tener esas preguntas porque era típico del papa iniciar procesos”.
El obispo auxiliar de Manaos observó que encuentros como estos son provocaciones para pensar hasta qué punto, al mirar al progreso y la tecnología, también se incluye el tema de hacer memoria.
“Hacer memoria es lo que ha ayudado a nuestras comunidades ribereñas, a los pueblos indígenas, de hecho, a sobrevivir y a saber extraer de la selva la preservación. Los pueblos del Alto Río Negro lograron recientemente el reconocimiento por parte del IPHAN, que es el Instituto del Patrimonio Histórico de Brasil. Su práctica agrícola tradicional fue reconocida como patrimonio inmaterial. Todo esto solo fue posible gracias al rescate de la memoria”, advirtió.
La conferencia de clausura estuvo a cargo de Raphael Caillou, director general de Cultura de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), en España. En su exposición, Caillou abordó el papel de la OEI como organismo multilateral de cooperación, con estrategias coordinadas de intervención y actuación en distintas áreas, ejes y actividades. Para él, de forma clara y objetiva, la cultura representa una estrategia de desarrollo muy importante:
“La cultura es una gran generadora de oportunidades de inclusión social, inclusión productiva, generación de ingresos, empleo y trabajo en las regiones. En el contexto iberoamericano, aproximadamente el 3% de los empleos formales están asociados a lo que sería la economía creativa en sentido amplio. A nivel mundial, estamos hablando del 6%. Eso da una idea de su magnitud y relevancia”, señaló.
Según el director de la OEI, además de la relevancia del impacto social de la economía creativa, que solo en Brasil representa más del 3% del PIB, es importante mencionar la cultura como un mecanismo fundamental de cohesión social: “Un estudio reciente de la Unesco señala que, en el mundo, el 89% de los conflictos armados ocurren entre países y naciones con poca o ninguna cooperación cultural”, advirtió Caillou.
El congreso de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común continúa hacia su tercer día, cuando abordará el Sueño Social.
Fotos y vídeos del día
Sueño Social: Política
“Justicia Ecológica Integral: el diálogo social como la mejor política para el respeto de la dignidad humana”
Tercer día del congreso contó con la ministra Marina Silva para una clase magistral
Texto: Renata Ratton
Asesora de Comunicación Institucional
Incluso en un mundo asolado por guerras, intolerancia, miseria y devastación ambiental, aún es posible y necesario soñar. Más que soñar, es imprescindible organizar la esperanza. Precisamente eso es lo que buscan realizar los rectores de América y Europa – comprometidos con transformar sus instituciones, países y el planeta en espacios de cambio de conciencia y acciones concretas en beneficio del medio ambiente y de todas las criaturas – en el congreso de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común (RUC). Un encuentro que llegó a su tercer día con el Sueño Social de Francisco, poniendo en el centro la política, la justicia ecológica integral, el diálogo social y el respeto a la dignidad humana.
El primer panel promovió discusiones y reflexiones con el objetivo de dinamizar procesos globales a partir de las diversas realidades y localidades representadas, y contó con la participación de Enrique Del Percio, de la Universidad de San Isidro (Argentina), Alex Villas Boas, de la Universidad Católica Portuguesa (Portugal), y Victor Carmona, de la Universidad de San Diego (EE.UU.).
Alex Villas Boas, coordinador del Centro de Investigación en Teología, Estudios y Religión de la Universidad Católica Portuguesa (UCP), representó a la profesora Isabel Capeloa Gil, rectora de dicha universidad. Como brasileño viviendo en Portugal, Villas Boas expresó su satisfacción por compartir su experiencia con colegas portugueses en el esfuerzo por superar la distancia histórica entre el Norte y el Sur.
Según Villas Boas, en 2016 se le preguntó al papa Francisco cuál era el teólogo que más lo había influenciado, y él citó al jesuita Michel de Certeau. A partir de allí, los investigadores del Centro retomaron un diálogo inconcluso entre Certeau y Michel Foucault para reflexionar sobre cuestiones políticas, religiosas y ecológicas.
El coordinador del Centro de Investigación en Teología, Estudios y Religión de la Universidade Católica Portuguesa (UCP), Alex Villas Boas, representó a la profesora Isabel Capeloa Gil, rectora de la UCP. Como brasileño residente en Portugal, Villas Boas expresó su satisfacción por poder compartir su experiencia con colegas portugueses, en el esfuerzo por superar la distancia histórica entre el Norte y el Sur.
Según Villas Boas, en 2016 se le preguntó al papa Francisco cuál era el teólogo que más lo había influido, y él mencionó al jesuita Michel de Certeau. A partir de esa referencia, los investigadores del Centro retomaron un diálogo inconcluso entre Certeau y Michel Foucault para reflexionar sobre cuestiones políticas, religiosas y ecológicas.
“Foucault hablaba de la importancia de una inteligencia poliédrica para comprender el mundo contemporáneo, especialmente la política y el poder, entendiendo el poder como acción sobre la acción. También criticaba la autorreferencialidad del saber, algo que notó leyendo a Borges — a partir de un ensayo fabulístico del escritor y poeta argentino, sintió la necesidad de imaginar una realidad distinta a la que vivía y pensaba. Una tercera dimensión que Foucault exploraba era el intento de comprender el enfriamiento de los movimientos revolucionarios en Occidente, y cómo el cruce entre la agenda religiosa y la política podía ser una fuente de revolución. Entonces, empezó a pensar en la espiritualidad y la política como formas privilegiadas de genealogía de la ética, para resistir a los abusos de poder o a procesos que ya no dinamizaban la vida del pueblo”, enumeró.
Según el investigador, un elemento fue especialmente llamativo en el diálogo entre Foucault y Certeau: para Foucault, no hay transformación social sin espiritualidad, entendida de manera más amplia que la religión, aunque convergente en el proceso.
“Eso impactó la percepción de Michel de Certeau, en el ejercicio de traducción que hicimos, al entender una teología pública como el acto secundario de discernimiento de una experiencia que busca transformar la cultura. En ese contexto, la teología fue concebida como eucarística, en un sentido público — porque comparte la cultura y el tiempo en el que vive — , y litúrgica, al recuperar su sentido griego original de servicio al pueblo y a los más necesitados. Desde la dimensión de una teología pública, eucarística y litúrgica, también abordamos la dimensión ecológica, recordando que la dimensión teológica se estableció como un diálogo entre la unidad y la pluralidad. Según la lectura de Certeau, Dios, siendo radicalmente diferente del ser humano, no ve en la diferencia un obstáculo para la comunión; por lo tanto, la comunión ocurre precisamente entre diferentes”, puntualizó.
Presentándose como especialista en teología moral, Victor Carmona alertó sobre la importancia de una respuesta por parte de las universidades e iglesias ante los procesos en curso en la política estadounidense. Para él, tender puentes es fundamental en el contexto político actual de ese país, por lo que es necesario pensar en Estados Unidos como parte de América Latina.
“Más de 60 millones de norteamericanos son latinos; de esta población, 40 millones tienen el español como lengua materna, y me parece que eso representa una población equivalente a la de España o Argentina. Somos pueblos hermanos y los invitamos a construir puentes con nuestras universidades. La conversión ecológica es una gran batalla, con muchas dimensiones. En San Diego, somos una universidad ‘Laudato si’’ y los principios de la encíclica guían todas nuestras inversiones. Entendemos la conversión ecológica no solo de manera personal, en nuestros estudiantes, sino también a nivel comunitario y sistémico.”
Enrique del Percio mencionó la necesidad fundamental del diálogo entre la teología, la filosofía y las ciencias sociales para la legitimación y racionalización de los intereses económicos y políticos. Según él, desde un punto de vista conceptual, si solo existe el individuo y no la sociedad, la libertad se convierte en el valor central. Sin embargo, si esta libertad se entiende como que “la libertad de uno termina donde empieza la del otro”, ese otro es visto como un límite, lo que lleva al deseo de que no exista: “Esa concepción de libertad es comparable a la de un león en la selva, que actúa sin restricciones, depredando todo lo que encuentra”, reflexionó, y añadió:
“Si, por otro lado, creemos en la existencia de la sociedad sin el individuo — partiendo del supuesto de que toda conciencia es social y no existe una conciencia individual — , entonces la igualdad se convierte en la clave. Pero esa igualdad anula tanto al individuo como a sus libertades... Si asumimos que existimos en relación con nosotros mismos, con los demás y con el resto de la creación, entonces necesitamos adoptar un valor diferente: la fraternidad”.
Del Percio recordó que el Libro del Génesis advierte, incluso, sobre los peligros de una visión ingenua de la fraternidad — como el primer pecado del hombre al matar a su hermano fuera del paraíso, o la historia de José y sus hermanos:
“La fraternidad nos recuerda que las relaciones son horizontales, desarrolladas fuera del entorno familiar de origen, lo que puede generar conflictos. El papa Francisco llamó a esta fase fraternidad inmadura. No obstante, es necesario entender la fraternidad madura, que es la comprensión de que el otro es mi hermano, que nuestros ancestros son hermanos y que todos son nuestros hermanos. Esta es una obligación, como explica Francisco en la encíclica ‘Fratelli Tutti’. Al final, no podemos realizarnos plenamente si el otro no puede realizarse también. Por eso, cuando damos algo y nos sentimos mejor, o incluso cuando recibimos, comprendemos la verdadera esencia de la fraternidad”, concluyó.
La segunda mesa contó con la presencia de Ernesto Villanueva, de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), Argentina, y Fernando Ponce León, de la Universidad Católica del Ecuador, Ecuador, bajo el tema “Justicia Ecológica, Social y Ambiental Integral”.
Ernesto Villanueva añadió tres puntos a los tratados anteriormente, señalando de entrada el título de la mesa, que remitía a discursos recientes de Francisco, y preguntándose qué significa la integralidad de esas justicias:
“No significa que cada uno de nosotros deba actuar en los tres ámbitos, sino que debemos tener una concepción integral. Incluso si alguien se dedica solamente a uno de los temas, no puede olvidar que los otros dos son igualmente importantes y deben ser considerados. Esto es fundamental para desarrollar políticas, ya sea en justicia social, ecológica...”, explicó.
En el segundo punto, Villanueva destacó la idea platónica de que la política es una preocupación por el bien común, preguntándose si debe estar reservada a algunos seres humanos o a todos.
“En el texto, se dice que la política es una semilla que cada uno de nosotros tiene en su corazón y en su mente, y que debemos desarrollar. Si pensamos en la actividad política como una actividad que trata del bien común, no necesitamos un conjunto de acciones de desarrollo que no tengan nada que ver con el bien común. Creo que este aspecto está muy presente en América Latina, especialmente cuando consideramos el desprestigio de los políticos y de la actividad política”, comentó.
El tercer punto abordado fue el de la organización, que para él es central, ya que no es posible actuar individualmente en todas las áreas. El investigador alertó sobre el riesgo de caer en la especialización excesiva, y que por eso es necesario integrar las actividades en la esfera de la política global para evitar que otras potencias ocupen esos espacios.
“Nosotros estamos en el ámbito universitario, pero si separamos nuestras actividades de lo que ocurre en los otros ámbitos, contribuiremos a una especialización. Creo que en algunos textos Francisco habló sobre cómo la especialización excesiva destruye nuestra capacidad de comprender el mundo que nos rodea, ya que implica el rechazo de lo que sucede en los demás ámbitos. Es necesario enfatizar la organización en todos los niveles: en el nuestro, el universitario, en el de los sindicatos, pero sobre todo en el ámbito de la política mundial: solamente en ese ámbito – tan desprestigiado y víctima de acusaciones, que terminó diluyéndose y cediendo lugar a otros tipos de poder – es que lograremos integrar las acciones del mundo universitario, de los sindicatos, de los movimientos sociales...”
Fernando Ponce León también manifestó preocupación por el desapego de las personas en general con respecto a la política, recordando que, cuando los individuos se alejan de la política, se están alejando del bien común.
“La falta de sensibilidad respecto a la política se justifica por la insensibilidad, que es mucha. Cuando hoy hablamos del sueño político, me pregunto si la política todavía encanta o representa un desencanto. Más que indiferencia, existe una antipolítica, un desprestigio que percibimos en personas e instituciones.”
Con respecto al papel de las universidades, el profesor cree que estas deben tener posturas políticas muy claras. Para él, cuando se dice que “educar es un acto político”, eso significa que las instituciones deben elegir para qué tipo de colectivo, de actor individual, de clase, de organización quieren entregar esa herramienta poderosa que es la educación, lo que presupone tener muy clara su cosmovisión.
“Todas las universidades tienen una cosmovisión, una forma de entender el mundo, pero muchas no la declaran. Es desde esa visión que ejercemos nuestra función de educadores, y así podemos contribuir a la recuperación de la política, convirtiéndonos, como universidades, en actores políticos.”
La mesa redonda “El camino a seguir de Río-Belém en el sueño político” contó con la participación de Jackeline Farbiarz, de la PUC-Rio, Susana Nuin, del Instituto Universitario SOPHIA América Latina, de Italia, y Oscar Alpa, de la Universidad Nacional de La Pampa, Argentina.
“Creo que es fundamental dejar nuestras orillas para ser capaces de congregarnos como somos y, más aún, de articularnos de manera uniforme”, comenzó la socióloga y especialista Susana Nuin, convencida de que solo es posible causar impacto político caminando juntos.
Para ella, la RUC ofrece la posibilidad de articulación interinstitucional, de tejer un entrelazado que construya una trama: “ser trama es mucho más que ser un punto vertical: es un enredo que transforma el tejido social”, argumentó.
Nuin ve como una salida directa y obligada una fuerza política de acción compleja para la proposición de soluciones reales que impacten países y estados. Destacó además la importancia de mapear las peculiaridades de cada universidad, para conocer sus riquezas. “Es eso lo que vamos a usar para impulsarnos.”
La vicerrectora de Extensión y Estrategia Pedagógica de la PUC-Rio, Jackeline Farbiarz, se presentó como una “persona de muchas preguntas, más que respuestas”, y que mucho aprendió en el área de Educación y Lenguaje de la Universidad.
“La primera pregunta que formulé fue ‘¿Quién volvió mi cuerpo un cuerpo político?’, y creo que esa pregunta es esencial porque estamos hablando de las generaciones que estamos formando. Y ahí surgen más preguntas: ‘¿Cómo enseñar a nuestro cuerpo a reconocerse como un cuerpo político?’. Creo que necesitamos enseñar eso, algo que no veo con tanta fuerza hoy en día”, advirtió, y continuó:
“Y al ser un cuerpo político, ¿cómo podemos reconocer cuerpos políticos diferentes de los nuestros? Porque fui a la Amazonía dos veces, pero en todas mis vacaciones, en los últimos 20 años, visité aldeas indígenas. Cuando llego, en el camino de bajada hacia la aldea todo se mueve por donde piso; pero en el camino de regreso, todo permanece en su lugar, el que cambia es mi cuerpo. En poco tiempo.”
Con el tiempo, Farbiarz se convirtió en una investigadora que, entre otras cosas, orienta a estudiantes que trabajan en aldeas indígenas. Contó que no es raro que regresen un tanto decepcionados por la falta de respuestas a sus preguntas.
“Los indígenas me miran y guardan total silencio, sin importar lo que diga”, dicen. Pero, con el tiempo, en la convivencia, aprenden cosas simples como, por ejemplo: ‘si me interesa, respeto y escucho’; entonces, para mis alumnos, la falta de respeto se transforma en respeto, tienen que acostumbrarse a otro cuerpo político”, observó.
Basándose en experiencias anteriores, Farbiarz destacó que la comunicación con los pueblos indígenas solo es posible a partir de la observación, la escucha y la comprensión de los mecanismos que cada tribu utiliza para comunicarse, como dibujos en la tierra, por ejemplo, pero también recordó que no todos podrán vivir la experiencia de una aldea:
“¿Cómo traemos entonces esas experiencias a nuestras instituciones? La realidad de una comunidad vulnerabilizada, como la Rocinha, en Río de Janeiro, no es igual a la de una aldea, pero puede reflejar muy bien los problemas encontrados allá: drogas, violencia, ausencia de derechos humanos, deforestación, inundaciones son cuestiones que suceden en la aldea, pero también aquí. ¿Cómo llevar a nuestras universidades a promover realidades locales que dialoguen con las realidades de la Amazonía, para que el cuerpo de nuestros alumnos llegue más preparado para escuchar y promover junto? Desde la perspectiva de nuestra Universidad, necesitamos ayudarlos a sentir con las manos y a pensar con el cuerpo – como nos enseñó el papa Francisco. Con eso, podrán ir; y, si no van, podrán transformar su propio lugar. Y todo será Casa Común.”
Oscar Alpa destacó el problema del individualismo al intentar afirmarse como manejo del poder, la antipolítica que choca con el sistema universitario, el cual intenta implementar la política del bien común. Se trata de un debate mundial necesario para las universidades, de lo contrario formarán autómatas que repetirán sistemas basados en beneficios. “Es el individualismo contra la solidaridad y el cooperativismo”, señaló. Alpa advirtió sobre los poderes que confrontan a las universidades, acusándolas de hacer política:
“Es verdad, hacemos política, como se dijo, educar es un acto político. Porque, en nuestra universidad – que es pública, con gestión privada –, cada vez nos preocupamos más por ideas que afirman que la educación debe pertenecer a empresas, empresas que no tienen preocupación por el bien común ni por el bienestar de nuestros estudiantes. Antes de pensar en un camino hacia la COP30, debemos pensar en los jóvenes, nuestra finalidad: que hagan ruido, como dijo el papa Francisco, pero hay que encontrar formas de garantizar ese ruido político en nuestras universidades. Y que no sean manipulados por sectores que valoran la cultura del descarte ni estén exclusivamente orientados hacia un sector profesional que puede desaparecer mañana. Es necesario reflexionar en ese sentido.”
Clase magistral – ministra de Medio Ambiente, Marina Silva
En el tercer día del congreso, que también fue el Día Internacional de la Diversidad Biológica, la conferencia de clausura dio lugar a una clase magistral impartida por la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, especialmente para el congreso de la RUC.
En “La mejor política”, la ministra enfatizó que la COP30 debe ser la COP de la implementación: “Ya discutimos presupuestos, hicimos todo lo que se podía postergar. Ahora no queda más qué hacer. Es implementar, implementar, implementar... Tiene que ser justo para todos, principalmente para los más vulnerables”, declaró.
Al señalar que el primer ensayo sobre cambio climático fue publicado en 1896 por el físico sueco Svante Arrhenius, la ministra recordó que, en aquella época, el físico ya advertía sobre el aumento de la temperatura terrestre causado por la acción humana, reforzando que el papel de la ciencia es fundamental para asegurar una red de preservación de la naturaleza contra los efectos del cambio climático:
“Cada vez más, las políticas tendrán que hacerse con base en datos y evidencias. Ya no hay tiempo para estar inventando cosas e ignorando lo que las universidades están produciendo en los más diversos frentes de la producción científica. El límite de elevar el calentamiento global a 1,5 ºC por encima de los niveles preindustriales, previsto en el Acuerdo de París, debe orientar las acciones en el mundo. No se puede superar ese 1,5 ºC. Es una postura. ¿Los gobiernos no quieren actuar? ¿Las empresas no quieren cambiar? Pero el límite es 1,5 ºC”, insistió.
Marina Silva también exaltó el privilegio de que el congreso contara con un video del papa León XIV, reiterando la obligación de los seres humanos de preservar y sostener la vida como les fue dada: “Todos deberíamos estar integrados a lo que el papa Francisco dijo sobre nuestra Casa Común”, sentenció, agregando que Brasil y las Naciones Unidas están en tratativas con el Vaticano para un balance ético global sobre el compromiso con la vida, que se realizará antes de la COP30. La iniciativa ya estaba siendo dialogada con el papa Francisco, y ahora también con el papa León XIV”.
Fotos y vídeos del día
Sueño Ecológico: Economía
“Deuda pública y Ecológica: Posibilidades de Remisión mediante una nueva arquitectura financiera”
Universidades trazan una ruta hacia la COP30 con foco en los más vulnerables Congreso internacional de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común concluye con propuestas contundentes para la renegociación de deudas y la movilización por un futuro más justo y sostenible.
Texto: Renata Ratton
Asesora de Comunicación Institucional
Con sabor a deber cumplido, pero con la sensación de que el deber apenas comienza rumbo a la COP30 y a todas las acciones que deben ser emprendidas, cuidadas y acompañadas para concretar los sueños del papa Francisco – ahora también de León XIV – , el cuarto y último día de actividades del congreso de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común abordó el sueño ecológico, con el tema “Deuda Pública y Ecológica”.
En la mesa de apertura estaban Michael Lee, de la Fordham University (EE.UU.), Róman Pardo, de la Universidad de Salamanca y de la Conferencia Episcopal Española, y monseñor Lizardo Estrada, obispo auxiliar de Cusco (Perú) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM).
El profesor de teología Michael Lee inició con un homenaje a Dorothy Stang, religiosa estadounidense y mártir en Brasil – asesinada en el estado de Pará –, a quien él y sus colegas consideran un modelo de solidaridad en el continente.
“Nuestra universidad se identifica como la universidad jesuita de Nueva York, pero en realidad tenemos dos ciudades en una. Aunque estamos a solo 10 km de Wall Street, el centro financiero del país y del mundo, nuestra sede está en el Bronx, el distrito más pobre de EE.UU. Vivimos la realidad de esas comunidades y descubrimos nuestra identidad como universidad comprometida con ellas”, declaró.
Lee explicó que la universidad intenta “bronxear” Nueva York y trabaja hace cinco años en un proyecto con financiamiento federal de 50 millones de dólares llamado “Floreciendo en comunidad”, acompañando comunidades empobrecidas y también afectadas ecológicamente. Aclaró que no se trata de una ayuda paternalista, sino de una conexión con los “profesores de la historia del Bronx”, cuna del hip-hop y otros movimientos.
“Descubrimos factores económicos como el ‘redlining’, que marcaba con líneas rojas en mapas los lugares que el gobierno no consideraba dignos de crédito. Hay barrios enteros sin apoyo financiero. El Bronx también es llamado ‘el callejón del asma’, con una incidencia 30% mayor de la enfermedad, causada por la autopista Cross Bronx, que partió el distrito y afecta la calidad del aire”, lamentó.
Relató también la existencia de un apartheid alimentario en el Bronx, donde los alimentos entran y salen sin beneficiar a la población local, mayoritariamente negra y latina.
“Nuestros académicos de finanzas estudian los problemas junto con científicos del agua, del aire, y de distribución alimentaria. Las comunidades enriquecen el trabajo universitario. Ellas nos dan dirección y nos convierten en conciencia crítica de la política”, dijo.
Aunque el financiamiento fue cancelado en enero por el nuevo gobierno, que dejó de priorizar a las comunidades marginadas y el medio ambiente, Lee reafirmó el compromiso con las comunidades. “Perdimos la subvención, pero aprendimos cómo ser universidad en Nueva York. Es un honor compartir esto con ustedes hoy.”
Monseñor Lizardo Estrada expuso brevemente sobre el CELAM, con 70 años de trabajo y 22 conferencias episcopales: “Trabajamos por la comunión y la unidad entre nosotros y con el papa. Queremos que Jesús sea conocido por la humanidad, como él mismo trabajaba, en colegialidad”.
Recordó una conversación con el papa León XIV sobre la COP30, rememorando que ya en su primera homilía en 2013, Francisco hablaba de cuidar y no maltratar la Casa Común, reiterado luego en “Laudato si’”, “Fratelli tutti” y “Laudate Deum”.
“El papa León XIII decía que un contrato solo es justo si ambas partes están en igualdad. Si una impone a la otra, es injusto... De ahí nace la deuda social”, inició Róman Pardo, decano de Teología de la Universidad de Salamanca.
Asociando deuda histórica y ecológica con deuda real y monetaria, señaló que los países ricos se beneficiaron de los recursos naturales y humanos de los países pobres, generando una deuda histórica y transgeneracional.
Para Pardo, si la responsabilidad climática es igual, la capacidad de recuperación no lo es. Por tanto, los grandes contaminadores deben reparar y aportar recursos, proponiendo condonación o extensión de plazos de deuda.
“El papa Francisco decía que conjugamos mal el español: primero ‘yo’, luego ‘tú’ y después ‘él’. Deberíamos comenzar por ‘él’, después ‘tú’ y al final ‘yo’. Solo así aprenderemos a redistribuir los recursos”, concluyó.
El arzobispo de Manaos, Leonardo Steiner, afirmó que las universidades deben nuevamente traer el futuro, como lo hicieron en política, democracia, economía y fraternidad.
En Manaos, intentan llevar “Laudato si’” y “Fratelli tutti” a las comunidades más distantes. Para él, la exortación “Querida Amazonía” representa una hermenéutica de la totalidad, una forma de leer y vivir el Evangelio en el mundo de los pobres.
“La Iglesia amazónica conoce su responsabilidad. Las dimensiones social, ecológica, cultural y de fe forman un todo sin el cual no nos comprendemos como humanos ni como iglesia”, sostuvo.
Citando a Heidegger y al papa Francisco, reforzó la importancia del encuentro y el cuidado. En Manaos, las comunidades crean grupos de estudio, recolectan basura y enfrentan la devastación causada por el oro y el dinero, causas de la muerte de Bruno y Dom.
Carlos Greco, de la Universidad Nacional de San Martín (Argentina), retomó la deuda pública soberana como resultado de compromisos pasados. Destacó que esta limita el desarrollo y propuso compensar los pasivos ambientales con la deuda financiera.
“El problema es que quienes deben compensar también son acreedores. La propuesta es que los pasivos ambientales se determinen y se compensen con flujos financieros. Esto requiere voluntad política y técnica”, dijo.
Greco denunció que el pago de intereses aumentó del 43% al 66% frente al gasto social en la última década, reduciendo recursos para educación, que debe ser vista como inversión.
Propuso que la deuda se relacione con la inversión educativa y que instancias como la COP y el Vaticano propongan reducir ganancias durante un tiempo para redirigir recursos al bien común.
Juliano Assunção, de la PUC-Rio, alineado con Greco, destacó la conexión entre deuda soberana y deuda climática.
“La crisis climática fue causada por países ricos y afectará más a los pobres. Hay una clara correlación entre PIB per cápita y emisiones per cápita. Los países que menos se beneficiaron del desarrollo enfrentan ahora un planeta con poco espacio atmosférico”, explicó.
Citando a EE.UU. y Europa, responsables de un tercio del CO₂ acumulado, señaló la injusticia para países como India.
Sin esperanza de contener el cambio climático, propuso un programa liderado por el profesor Harrison Hong (Columbia University) para renegociar la deuda a cambio de inversiones en adaptación.
“El objetivo es liberar recursos presupuestarios para que los países se preparen para un clima diferente”, dijo.
Recordó las palabras de Marina Silva: “Solo se puede perdonar lo que puede ser castigado”, defendiendo la fiscalización del uso de recursos.
“La propuesta de renegociación con contrapartida en adaptación es muy prometedora y debería ser base del diálogo entre Río y Belém.”
Movilización y Estrategias hacia la COP30
En la plenaria final, rectores y representantes reforzaron la intensidad del debate. Guevara, de la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México, destacó la importancia de la comunicación y propuso usar inteligencia artificial, cursos y colaboración con influenciadores.
Se propuso crear un glosario con base en “Laudato si’” y movilizar a estudiantes.
Sobre tecnología, se alertó que “no es neutra” y se cuestionó si las universidades están dispuestas a imprimir sus valores éticos.
Un representante argentino pidió construir mayorías y un marco jurídico vinculante para la COP, además de movilización estudiantil.
Cristina Bailey (Universidad de Guatemala) propuso una hoja de demandas unificada, pues “las negociaciones ya están ocurriendo y necesitamos fortalecernos”.
Ilich Silva-Peña (Universidad de Mar del Plata) sugirió equipos interinstitucionales para valorar la deuda ecológica y replicar el evento de la RUC en cada universidad.
Un representante de Oxford propuso acciones top-down (declaraciones oficiales) y bottom-up (movilización masiva), recordando el papel de la Iglesia y del Vaticano.
Juan Pablo Gasme (Caritas ALC) destacó la diplomacia silenciosa y la importancia de la conferencia de Bonn en junio.
Ana Júlia Suriel (Universidad Pedagógica Dominicana) propuso que universidades participen de delegaciones oficiales y realicen encuentros regionales pre-COP.
María Villarreal (UFRRJ) sugirió mayor espacio en medios y movilización de facultades de comunicación para “hacer ruido en el buen sentido”.
Roberto Gallo (Universidad Nacional del Oeste) propuso 50 semanas con 50 acciones por el planeta, publicando artículos semanales. También retomó la idea de una gran movilización en Belém replicada localmente.
Fotos y vídeos del día
10º Aniversario Laudato Si'
Evento público de incidencia en el Cristo Redentor
Un amanecer en el Cristo Redentor Rectores, miembros y colaboradores de la Red de Universidades para el Cuidado de la Casa Común alzan sus voces por la justicia ecológica y social en el cierre del congreso iberoamericano
Texto: Renata Ratton
Asesora de Comunicación Institucional
Una celebración transformada en compromiso. El 24 de mayo de 2025, cuando la encíclica Laudato si’ cumplió diez años, representantes de más de 200 universidades — públicas, privadas, laicas y confesionales de las tres Américas y de Europa — se reunieron en el Santuario Cristo Redentor con el propósito de convertir los sueños de Francisco en acciones concretas hacia la COP30 y más allá. En los cuatro días previos, habían dedicado intensos esfuerzos a trabajos y debates durante el congreso de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común (RUC), celebrado en la PUC-Rio.
A los pies del Cristo, los rectores y rectoras emitieron un llamado conjunto y urgente, afirmando que la crisis climática no es una amenaza futura, sino una realidad que impacta de forma desproporcionada a pueblos y territorios en situación de vulnerabilidad. Frente a este panorama, las universidades reconocieron su responsabilidad ética, científica, pedagógica e institucional de actuar y no permanecer indiferentes.
Tras las palabras de unión y aliento de Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, el discurso conjunto del rector de la PUC-Rio, padre Anderson Antonio Pedroso, S.J., y de la presidenta de la RUC, Agustina Rodríguez Saá, reafirmó los compromisos de la Red:
“En este lugar que es símbolo global, el Santuario Cristo Redentor, en los 10 años de la Laudato si’, nos comprometemos a fortalecer el camino iniciado en la audiencia histórica que nos concedió el papa Francisco en septiembre de 2023, cuando nos llamó a organizar la esperanza”, expresó el padre Anderson. Por su parte, monseñor Lizardo Estrada recordó el sufrimiento de los más vulnerables frente a la degradación ambiental.
El congreso de la RUC dio lugar a una serie de propuestas: en el “Llamado a la Justicia Ecológica”, las universidades exigen la práctica efectiva de una justicia ecológica, social y ambiental que responda al clamor de la Tierra y de los pueblos olvidados; en relación con la “Condonación de Deudas” de los países más afectados, proponen que los Estados, organismos multilaterales y actores financieros globales impulsen, en el marco del Acuerdo de París, la cancelación de la deuda pública de los países menos industrializados en correspondencia con la deuda ecológica de las naciones más desarrolladas; en cuanto a la “Construcción de Puentes”, invitan a todos los sectores sociales a establecer vínculos de integración entre Norte y Sur, entre lo público y lo privado, y entre culturas y saberes diversos, mediante una escucha atenta y un diálogo auténtico, con vistas a formular estrategias globales de cuidado común.
Uno de los compromisos centrales fue el de promover una educación transformadora que abarque las dimensiones ecológica, social, económica, cultural y espiritual del desarrollo sostenible, y que prepare a las nuevas generaciones para habitar el mundo con responsabilidad, creatividad y justicia.
Para los firmantes, más que un gesto simbólico, este llamado representa un acto de conciencia y de acción colectiva. Las universidades, en red y al servicio de un futuro más justo, declaran con firmeza: “No hay justicia social sin justicia ecológica. No hay futuro sin compromiso.”














